PSalm 52

¿Eres de los que te gusta traicionar, denunciar y chismear en los asuntos ajenos? El rey David tiene algunas palabras para ti. Presta atención a las palabras del salmo 52, Masquil de David, cuando vino Doeg edomita y dio cuenta…

PSalm 52

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¿Eres de los que te gusta traicionar, denunciar y chismear en los asuntos ajenos?
El rey David tiene algunas palabras para ti. Presta atención a las palabras del salmo 52,

Masquil de David, cuando vino Doeg edomita y dio cuenta a Saúl diciéndole: David ha venido a casa de Ahimelec.

¿Por qué te jactas de maldad, oh poderoso?
La misericordia de Dios es continua.
Agravios maquina tu lengua;
Como navaja afilada hace engaño.
Amaste el mal más que el bien,
La mentira más que la verdad.
Has amado toda suerte de palabras perniciosas,
Engañosa lengua.
Por tanto, Dios te destruirá para siempre;
Te asolará y te arrancará de tu morada,
Y te desarraigará de la tierra de los vivientes.
Verán los justos, y temerán;
Se reirán de él, diciendo:
He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza,
Sino que confió en la multitud de sus riquezas,
Y se mantuvo en su maldad.
Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios;
En la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre.
Te alabaré para siempre, porque lo has hecho así;
Y esperaré en tu nombre, porque es bueno, delante de tus santos.

1 Samuel 22:6-23

Doeg el edomita delata a Ajimelec,

Saúl se enteró de que habían sido hallados David y los que estaban con él. Saúl estaba en Gabaa, en el lugar alto[a], debajo de un tamarisco, y tenía su lanza en su mano. Todos sus servidores estaban de pie alrededor de él. Y Saúl dijo a sus servidores que estaban de pie alrededor de él:
—Escuchen, por favor, ustedes, los de Benjamín: ¿También les ha de dar el hijo de Isaí tierras y viñas a todos ustedes? ¿Los hará a todos jefes de millares y de centenas, para que todos ustedes hayan conspirado contra mí? No hay quien me revele cuando mi hijo hace un pacto con el hijo de Isaí, ni hay entre ustedes quien se conduela de mí y me revele que mi hijo ha levantado contra mí a un servidor mío, para que me aseche, como lo hace en este día.
Entonces Doeg el edomita, que estaba a cargo de los siervos de Saúl, respondió:
—Yo vi al hijo de Isaí, que fue a Nob, a Ajimelec hijo de Ajitob. Este consultó por él al SEÑOR, le dio provisiones y también le entregó la espada de Goliat el filisteo.
El rey mandó llamar al sacerdote Ajimelec hijo de Ajitob y a toda su casa paterna, los sacerdotes que estaban en Nob. Y todos ellos vinieron al rey. Saúl dijo:
—Escucha, pues, hijo de Ajitob.
Y él dijo:
—Heme aquí, señor mío.
Saúl le preguntó:
—¿Por qué conspiraron contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando tú le diste pan y espada, y consultaste por él a Dios, para que se levantara contra mí y me asechara como lo hace en este día?
Ajimelec respondió al rey diciendo:
—¿Quién entre todos tus servidores es tan fiel como David, que además es yerno del rey, jefe de tu guardia personal e ilustre en tu casa? ¿Acaso fue aquel día la primera vez que consulté por él a Dios? ¡De ninguna manera! No culpe el rey de cosa alguna a su siervo ni a toda mi casa paterna, pues tu siervo no ha sabido ninguna cosa de este asunto, ni grande ni pequeña.
Y el rey dijo:
—¡Morirás irremisiblemente, Ajimelec, tú y toda tu casa paterna!
Entonces el rey dijo a los de su escolta que estaban apostados alrededor de él:
—¡Vuélvanse y maten a los sacerdotes del SEÑOR! Porque la mano de ellos también está con David, y porque sabiendo que él huía, no me lo hicieron saber.
Pero los servidores del rey no quisieron extender su mano para matar a los sacerdotes del SEÑOR. Entonces el rey dijo a Doeg:
—¡Vuélvete tú y arremete contra los sacerdotes!
Doeg el edomita se volvió y arremetió contra los sacerdotes y mató aquel día a ochenta y cinco hombres que vestían efod de lino. Y a Nob, la ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada: hombres y mujeres, niños y lactantes; bueyes, asnos y ovejas; a todos los hirió a filo de espada. Pero un hijo de Ajimelec hijo de Ajitob, que se llamaba Abiatar, escapó y huyó tras David. Abiatar contó a David cómo Saúl había hecho matar a los sacerdotes del SEÑOR. Y David dijo a Abiatar:
—Yo sabía aquel día que estando allí Doeg el edomita, él sin falta se lo iba a contar a Saúl. Yo he sido la causa de la muerte de todas las personas de tu casa paterna. Pero tú, quédate conmigo; no temas. Quien atente contra mi vida también atentará contra la tuya, pero conmigo estarás seguro.

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